Monte Albán, o La Aventura Cintamani

(Mr. Soak) No todos los días se tiene una misión que cumplir para toda una nación. De hecho, casi nunca tengo misiones que no me ponga yo. La última que recuerdo fue en la que me obligué a encontrar una piedra en las aguas del mar de Chacahua, Oaxaca, pero pues esa no era tan importante ni significativa como la que mi viejo amigo Adoninas me dio.

“¿Alguien que vaya a Oaxaca en vacaciones y quiera enterrar una piedra?” Preguntó su novia un día en Facebook, y como yo iba a ir a Oaxaca en las vacaciones y había leído La serpiente de luz de Drunvalo Melchizedek, sabía más o menos lo que se requeriría de mí –enterrar una piedra– por lo tanto accedí.

Fui a casa de Adoninas donde me explicó qué es lo que iba a tener que hacer. Repitió como 7 veces : “Me mandas la ubicación, tomas foto del hoyo y la piedra, y la entierras a 30cm, ¿ok?” Por séptima vez le respondí que entendía perfectamente las instrucciones.

La piedra cintamani es muy linda, y si se intenta ver el sol a través de ella, es transparente como un carbon caliente dentro de una fogata que todavía no se quema por dentro y la capa gris exterior deja ver el negro interior.

Monte-Alban-Pictures

El caso es que me lancé con cuatro amigos a la ciudad de Oaxaca donde pasamos dos noches antes de que dos de esos amigos me acompañaran a Monte Albán. Siendo temporada alta, la ciudad y los sitios arqueológicos y turísticos están a reventar. Entonces la misión de enterrar una piedra dentro de un sitio arqueológico se complicó un poco.

No podía solamente sentarme y hacer un hoyo donde quisiera. Había gente por doquier y guías turísticos que probablemente me acusarían si me vieran cavando.

Me dirían –¿Qué haces chico?– a lo que yo hubiera contestado con la pura verdad –Estoy haciendo un hoyo, –¿Para qué? –me hubieran dicho un poco molestos –Pues para enterrar una piedraBien, pues… no lo hagas –Y hubiera tenido que ir a otro lugar a enterrar la piedra. Pero seguramente ya me hubieran estado echando el ojo y hubiera sido todavía más complicado.

Por lo tanto era muy importante encontrar un lugar con piso suavecito y que estuviera escondido de la vista de los guías de turistas. Decidimos ir a la plataforma sur para tener una vista periférica del lugar. Ahí mismo encontramos un espacio que parecía ser buena opción para hacer un hoyo y enterrar una piedra. Había una pequeña barda detrás de la cual me podría esconder y cavar el hoyo. Sin embargo pensé que podría encontrar un mejor lugar.

Eso sucedió cuando bajamos de la plataforma sur y la tratamos de rodear. Por un lado (el derecho viendo de la plaza a la plataforma) están los baños, del otro lado encontré el lugar ideal. Tres paredes con piso suavecito. La cosa era que había un hombre tejiendo artesanías justo en ese lugar, por lo tanto había que ser discretos.

Me senté dándole la espalda al señor ese y a la plaza, y mis amigos se sentaron con los ojos dirigidos hacia el señor y la plaza. Cavar el hoyo fue un poco complicado ya que treinta centímetros no son tan pocos cuando se está tratando de cavar un hoyo sin que nadie se dé cuenta en un lugar atiborrado de gente.

En fin, el cometido se logró y la piedra se enterró. Por alguna razón sentí que era apropiado echarle agua a la tierra en donde ahora se encuentra la piedra. Tal vez para que se enraíce, tal vez por chairo.

Dos cosas sucedieron, una gran nube blanca estuvo en el cielo Oaxaqueño durante todo el día, y encontré un colorín que me quedé.

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